GOYA

Publicado el: 10 de agosto de 2023

En un intento de borrar o quitar lo no quitable, lo no borrable; en un intento de suavizar gestos de lo no suavizable, de doblegar el gesto abrutado, abrupto y, sin embargo, no llegar ni al intento. 

El olvido se adueña de cada momento representado por Goya, el pasado es su dueño. El silencio es testigo presente de su existencia, en actos sordos, mudos y ciegos. El futuro acompañará siempre sin aceptación, en el presente realmente, no hay nada que borrar, ni quitar.

La osadía se hace visible, acecha en cada momento sin permiso. La inocencia conquista a la inocencia, la perfidia asiste eludiendo la situación, gobernando el juego. Su incapacidad atrevida se mezcla con deslealtad extrema. Es importante saber que la inocencia recibió clases magistrales de la incapacidad atrevida, osada y con mucho poder. Después la desolación la acompañará siempre, transformando en olvido como hábito eterno. El olvido acumula, tapa y se empaña, aún más si cabe, oscurecindo todo, tiñendo todo. Durante generaciones ocurrió lo mismo. El trato es sutil y suave, cariñoso y fugaz. El momento rápido, el después asolador, devastador, en décadas.

Lo importante desaparece, y entra la incomprensión dominante. Los relatos empiezan a ser descompasados, el interior y el exterior viven dimensiones diferentes y poco aterrizadas, provocando inquietud, fuera de lugar siempre, sin caer en la cuenta.

El olvido se hace presente, forma parte de la vida con hábitos a no sentir. Copia y pegas de modelos que gustan, que funcionan. Se llena de poses, costumbres, acciones que hacen sentir bien. La fragancia del olvido cada día es más vasta. Y va perteneciendo a lo insensible a lo que no se siente, a lo que gusta, a no ser aroma. Lamento, sollozo y pena se reencuentra poco a poco con una parte desconocida no identificable. Desconocida que habita al mismo tiempo y se adaptó bien. El olvido ya no respira, pero lo desconocido, el que es y el que quiere ser, ya caminan juntos para siempre.

La sombra de no saber estará siempre pegada a la vida, a los gestos, a las costumbres, a los quehaceres, sombra desconocida que no se doblega. La vida se detiene sin un porqué. Intenta elegir destino de placer y esta sombra pegada, inmoviliza, anclada siempre a los pies del indefenso, sin tocar. No deja mover, la elección será siempre el Autosabotaje inconsciente sin caer en la cuenta para siempre.

Vista que mira al abismo en un precipicio permanente, al sin fin de símbolos y signos que se mueven huyendo al ver tus ojos nublados y a medio gas. Todo se mueve a capricho sin saber qué pasa, sin saber que hubo otro tiempo más difícil en que se paró todo, se congeló, se aletargo durante décadas celulares. Despertó ante la inquietante observación del observador, que mira con el derecho de poder decir algo y meterse donde no tiene sitio por estar el aforo completo. Palabras que sonáis quebradas sin serlo, amantes de la sabiduría vuestro dueño no sabe aún de vuestra envergadura que caerá fulminada ante tanta verdad. Entes que escucháis la voz quebrada, no huyáis despavoridos, porque no tendría sentido permanecer en la cuestión, en el sitio más privilegiado.

Lo opuesto siempre será hacer las cosas con amplitud, sin coartar ningún camino, todos son válidos y explorables. Después del caos viene la calma, la sabiduría que activa las panorámicas miras.

Extremidad que tiembla en cada paso de intimidación viva sin saberlo, la vergüenza acompaña sin ningún motivo, minándolo todo. La reserva se hace presente y la extremidad se relaja y comienza a escribir sin ninguna medida, ni corte, por fin disfruta de todo lo que tiene, y sabe que hay por descubrir. Las demás partes se unen y acompañan eternamente.